En ambientes fríos, el fuego puede marcar la diferencia entre pasar la noche o no sobrevivirla. No solo te sirve para cocinar o calentarte, también te ayuda a conseguir agua, mantener la moral alta y, en ciertos casos, enviar señales. Sin embargo, usar el fuego de forma incorrecta puede delatar tu posición o ponerte en peligro, especialmente en zonas extremas o bajo condiciones hostiles. En Sandiario vas a aprender cómo aprovechar el fuego de manera inteligente, qué materiales usar como combustible y qué riesgos debes evitar para mantenerte con vida en climas fríos.
El fuego no solo sirve para cocinar alimentos; también te permite calentarte y hasta derretir hielo o nieve para conseguir agua, que en estas condiciones vale oro. Por eso, en climas fríos el fuego es indispensable. Además, te da una sensación de seguridad que se traduce en un impulso psicológico muy importante para seguir adelante.
En clima frío y sin viento, el humo suele subir de manera casi vertical, como una señal visible a plena luz del día. Por la noche, el humo puede ayudar a cubrir ciertos olores. En cambio, cuando el clima es más templado, sobre todo en zonas con muchos árboles, el humo suele quedarse cerca del suelo. Durante el día es más difícil de detectar, lo que ayuda a que los olores se dispersen con mayor rapidez.
Pero si te encuentras en territorio controlado por enemigos, el fuego puede delatarte fácilmente: el humo espeso, el olor fuerte y la luz intensa de las llamas revelan tu posición. Incluso la luz reflejada en árboles, rocas u otros objetos a tu alrededor puede convertirse en una señal peligrosa.
En este tipo de situaciones, si necesitas leña para protegerte y sobrevivir, corta solo ramas bajas o árboles pequeños. Nunca derribes un árbol completo: su tamaño hace que al caer sea muy visible, tanto desde tierra como desde el aire.
Cuanto más bajo sea el lugar donde te encuentres, más opciones tendrás para conseguir leña. En cambio, en zonas polares de alta montaña casi no hay materiales que sirvan como combustible. En esos casos, puedes buscar musgo o pasto, pero sin recolectar demasiado. Sobre el hielo marino no encontrarás ningún tipo de leña. Por encima del límite del bosque, tal vez puedas hallar algunos sauces arbustivos o pequeños abetos. En regiones polares, subpolares o en costas desoladas, la madera a la deriva y la grasa animal suelen ser las únicas fuentes de combustible disponibles.
A continuación, vamos a ver con más detalle los tipos de leña más comunes dentro del límite del bosque.
En zonas del interior, el abeto es bastante común. Es un árbol de la familia de las coníferas y el humo que produce al quemarse varía según la temporada. En verano y en invierno genera mucho humo, pero a finales del otoño y durante el invierno, al quemarlo, casi no se nota.
El abedul es un árbol de hoja caduca que prende muy rápido y arde con mucha fuerza, como si hubiera sido empapado previamente en gasolina. Por lo general crece cerca de ríos y lagos, aunque no es una regla absoluta: en zonas más altas y alejadas del agua también puede encontrarse de vez en cuando.
El alerce americano también pertenece a la familia de las coníferas y es el único de su tipo que pierde las hojas en otoño. Cuando ya se le han caído las agujas, puede parecer un abeto muerto, pero en sus ramas aún se notan brotes en forma de pequeños bultos y algunas piñas. Al quemarse produce una gran cantidad de humo, por lo que es útil para hacer señales.
Los sauces y alisos de regiones polares suelen crecer cerca de humedales, arroyos y lagos. Al igual que el abedul, arden rápido y con fuerza, aunque generan poco humo.
El musgo seco, el pasto y los sauces arbustivos son materiales naturales que pueden usarse como combustible. En la tundra, es decir, en llanuras abiertas sin árboles, estas plantas suelen encontrarse a lo largo de los arroyos. Puedes atar o retorcer el pasto u otras plantas bajas en forma de manojo; así se queman más despacio, duran más tiempo y te proporcionan mayor calor.
Si encuentras vehículos abandonados o restos de un avión estrellado que aún tengan combustible, puedes aprovecharlo. Guarda la gasolina o el combustible en los tanques y úsalo cuando lo necesites. En climas extremadamente fríos, estos líquidos se congelan con facilidad, así que, siempre que no haya riesgo de explosión, sácalos antes de que se congelen por completo. Si no tienes un recipiente adecuado, puedes dejarlos directamente sobre la nieve o el hielo. Aunque queden cubiertos, no pasa nada: cuando los necesites, simplemente desentiérralos.
Atención: cuando la temperatura es muy baja, nunca permitas que la piel expuesta toque gasolina, petróleo o aceites lubricantes. Aunque estén en estado líquido, pueden engañarte y provocarte congelación en la piel.
En cuanto a productos de plástico, como cucharas de comida instantánea, protectores, espuma, viseras de cascos y objetos similares, se encienden con facilidad y pueden arder durante bastante tiempo; algunos incluso llegan a quemarse hasta por diez minutos. Puedes usar esas llamas para iniciar un fuego más grande.
En regiones frías, debes tener muy claro que tanto calentar como cocinar con fuego conlleva riesgos, por ejemplo:
- Demasiado calor dentro de un refugio de nieve puede derretir la capa de hielo que te protege.
- Al calentarte o secar la ropa, puedes prenderla o quemarla sin darte cuenta, junto con tu equipo inflamable.
- El fuego va deteriorando poco a poco las superficies a su alrededor, así que nunca lo hagas demasiado cerca del refugio.
- El exceso de calor puede derretir la nieve, mojarte a ti o a tu equipo, e incluso apagar el fuego que acabas de encender.
En general, si vas a cocinar, basta con una fogata pequeña y un hornillo sencillo. Para calentar un refugio, muchas veces una simple vela es suficiente. Especialmente si estás en territorio controlado por enemigos, un fuego del tamaño de la palma de la mano es ideal: consume poco combustible y aun así genera el calor necesario.
Si vas a preparar comida, puedes clavar una rama en forma de horquilla para usarla como soporte, colgar ahí el recipiente y colocarlo sobre el fuego. En zonas polares, el hornillo tipo hobo resulta especialmente práctico: con una simple lata metálica puedes improvisar uno en minutos, y cuando no lo uses, también te sirve para guardar combustible. Para cocinar, lo mejor es contar con un buen montón de brasas; el carbón que se forma al colocar la leña en forma cruzada libera el calor de manera más uniforme.
El fuego es una herramienta vital en la supervivencia en climas fríos, pero también exige respeto y control. Saber qué materiales usar, cómo mantener una fogata discreta y cómo evitar accidentes puede salvarte la vida. Ya sea para cocinar, calentarte o derretir nieve, una llama pequeña y bien manejada siempre será más segura y eficiente que una fogata grande. Recuerda: en condiciones extremas, no se trata de hacer más fuego, sino de usarlo mejor.