Cuando estás en medio de la nada, sin tiendas ni garrafones cerca, el agua se convierte en lo más valioso que puedes tener. En el campo, la montaña o el desierto, no solo necesitas saber cómo encontrarla, sino también cómo evitar perderla. En Sandiario te cuento por qué el agua es tan importante para el cuerpo, cómo puedes reducir su pérdida y qué hacer si solo cuentas con una pequeña reserva.
La importancia del agua
El cuerpo humano está formado en un 60% a 70% por agua, y el cerebro tiene cerca del 85%. Eso significa que, en promedio, llevamos entre 50 y 60 litros de agua en el cuerpo. Así que, como imaginarás, el agua es vital para sobrevivir.
Cada día necesitamos reponer líquidos, porque el agua que obtenemos de los alimentos no alcanza para cubrir las necesidades del cuerpo. Muchas fallas en las funciones corporales ocurren por deshidratación o por beber agua contaminada con microorganismos o químicos.
En un clima templado, una persona promedio necesita alrededor de 2 litros de agua al día para mantenerse en buen estado. Pero si hace mucho calor o realizas actividad física intensa, esa cantidad puede subir fácilmente a 3 litros o más.
Cómo reducir la pérdida de agua
Si no puedes conseguir agua de inmediato, o solo tienes una cantidad limitada, lo más importante es reducir la pérdida de agua del cuerpo. Así puedes estirar tus reservas por más tiempo.
Cuando haces ejercicio intenso en clima templado, puedes llegar a perder hasta 1.5 litros de sudor por hora. En climas calurosos, esa cantidad es todavía mayor. Incluso si estás en reposo, tu cuerpo puede perder alrededor de 1 litro de agua por hora. Por eso, si reduces el sudor, también reduces la pérdida de líquidos.
En situaciones de supervivencia, puede que no tengas opción más que trabajar duro para satisfacer tus necesidades básicas, pero hay varias formas de minimizar la pérdida de agua:
1. Domina las habilidades esenciales de supervivencia.
Por ejemplo, si sabes encender fuego con arco y cuerda en 30 segundos, ahorrarás muchísima energía (y agua) comparado con pasar media hora intentándolo. Lo mismo aplica para recolectar materiales: mientras más rápido lo hagas, menos líquido perderás.
2. Haz trabajos pesados en las horas más frescas del día.
Si estás en un lugar muy caluroso, conviene trabajar de noche y descansar durante el día.
3. No te quites la ropa cuando hace calor.
Aunque suene raro, en muchos casos cubrirte ayuda a mantenerte fresco. Un gran ejemplo son los nómadas del desierto, que usan varias capas de ropa ligera y suelta para protegerse del calor. Cubrirte la cabeza con un pañuelo o un sombrero también es una excelente idea para bloquear el sol.
4. Guarda el agua en lugares frescos y sombreados.
Si tienes una reserva, mantenla lejos del sol para evitar que se evapore. Colgar tu cantimplora bajo un árbol, donde esté fresca, ayuda mucho. Toma solo lo que necesites cada vez para no desperdiciar.

También pierdes agua al respirar, así que conviene mantener la calma y moverte lo menos posible.
Respirar por la nariz en lugar de por la boca también ayuda a conservar humedad. Puede parecer un detalle menor, pero en condiciones extremas esa diferencia puede salvarte.
El cuerpo también necesita agua para digerir los alimentos, así que si estás corto de agua, lo mejor es comer menos.
Además, evita beber alcohol: el cuerpo necesita más agua para procesar el alcohol que la que contiene la bebida. Lo mismo con el café, ya que es diurético y hace que pierdas más líquidos.
Cómo racionar el agua
Mucha gente piensa que, cuando el agua escasea, hay que racionarla como si fuera comida. Pero eso es un error común. No lo hagas.
Dividir el agua en pequeñas dosis para “hacerla rendir” puede ser más peligroso que útil. La deshidratación puede derribarte sin aviso, incluso provocar desmayos repentinos. Hay casos reales donde personas murieron de deshidratación teniendo una botella llena de agua justo a su lado.
Por eso, aunque tengas poca agua, bebe como lo harías normalmente, pero en sorbos pequeños y constantes, no de golpe.
Y si has pasado por un periodo largo sin agua y finalmente encuentras una fuente, no te la tomes toda de golpe: el cuerpo necesita rehidratarse poco a poco. Beber demasiado rápido puede provocarte calambres estomacales o vómitos, y perderías aún más líquido.
Sobrevivir sin agua es casi imposible, pero con las estrategias correctas puedes alargar tus reservas y mantenerte en pie hasta encontrar una fuente segura. Mantén la calma, conserva la energía y bebe con inteligencia. A veces, los pequeños detalles —como respirar por la nariz o cubrirte del sol— hacen toda la diferencia entre aguantar y rendirte.