Caminar en la naturaleza no es solo avanzar paso tras paso. Cuando estás en un entorno salvaje, una mala técnica puede hacer que te canses rápido, te lesiones o incluso te pongas en peligro. Saber cómo caminar correctamente, qué equipo usar, cuándo descansar y cómo hidratarte puede marcar la diferencia entre una travesía segura y una experiencia llena de riesgos. En Sandiario aprenderás técnicas prácticas para caminar largas distancias, moverte en pendientes y atravesar selva o pastizales de forma segura, cuidando tu energía y tu cuerpo en todo momento.
Cuando estás en modo supervivencia en la naturaleza, reducir el desgaste físico innecesario es clave. Para eso, conviene usar una forma de caminar que sea segura y eficiente. Tanto antes de empezar a caminar como durante la marcha, puedes seguir estos consejos para gastar la menor energía posible en caminatas largas y evitar el cansancio excesivo.
Preparación antes de caminar
Antes de salir, haz algunos preparativos. Lo más importante es elegir unos zapatos adecuados. Para caminatas largas, lo mejor es usar botas de montaña resistentes y cómodas. Este tipo de botas están diseñadas para trayectos largos: tienen suela gruesa, protegen los tobillos y ayudan a evitar que el agua se meta al interior.
Antes de arrancar, ponte dos pares de calcetines: uno delgado y otro grueso. Luego calza las botas y camina unos pasos para sentir si el talón se ajusta bien al pie. Si no queda firme, con el roce constante es fácil que termines con ampollas o heridas. Detente un momento, mueve los dedos y revisa que puedan moverse libremente sin que la punta del zapato los apriete. Si ambas cosas se cumplen, esa bota es adecuada para caminar largas distancias.
Ojo con esto: evita estrenar zapatos en una caminata larga. Los zapatos nuevos todavía no se adaptan bien al pie y es muy fácil que te lastimen durante una travesía prolongada.
Dato útil: compra de zapatos nuevos
Cuando compres zapatos para viajar o caminar en la naturaleza, llévate también los calcetines que usarás en el viaje. Pruébate los zapatos con esos calcetines puestos y asegúrate de que los dedos tengan espacio suficiente. Si no estás seguro de qué tipo de calzado necesitas, pregunta a un vendedor con experiencia.
Antes del viaje, usa los zapatos nuevos durante un tiempo para que el pie se adapte. Esto es especialmente importante con botas de piel. En cambio, los zapatos de materiales sintéticos no requieren tanto tiempo de adaptación: normalmente basta con salir a caminar al aire libre unas cuantas veces, unos 30 minutos cada vez.
Postura y ritmo al caminar
Aunque las piernas son las que más trabajan al caminar, los brazos también deben moverse de forma coordinada para mantener el equilibrio y ajustar el paso. Ten presentes estas reglas básicas:
- Mira siempre hacia adelante.
- Camina con calma, sin prisas.
- Relaja los hombros y mantén la espalda recta.
- Aprieta ligeramente las manos.
- Da pasos con las rodillas firmes.
- Respira profundo desde el abdomen.
- Apoya toda la planta del pie en el suelo.
- Mantén el paso corto.
- Conserva un ritmo constante.
Mirar hacia adelante es lo más básico. Andar distraído o volteando a todos lados puede hacer que choques con alguien o te lastimes tú mismo, provocando accidentes innecesarios. No camines acelerado, no vayas platicando ni jugando mientras avanzas, porque además de gastar más energía y cansarte antes, puedes afectar a quienes caminan contigo.
Cambiar constantemente de velocidad, acelerar y frenar o caminar y detenerte a cada rato te cansa mucho más. Lo mejor es mantener un ritmo parejo, ni muy rápido ni muy lento. Al inicio, da pasos cortos; después de unos minutos, cuando el cuerpo ya se haya adaptado, puedes aumentar un poco el ritmo. El paso ideal es aquel en el que no jadeas, no te falta el aire y tu pulso se mantiene por debajo de 120 latidos por minuto.
Si caminas en grupo, toma en cuenta la fuerza y velocidad de todos. Lo mejor es elegir un ritmo intermedio, incluso un poco más lento. En caminatas en equipo, conviene que haya un guía al frente y que la persona más lenta vaya en segundo lugar; así se reducen los riesgos de accidentes.
Caminar en subidas y bajadas
Caminar en pendientes no es igual que hacerlo en terreno plano. Si la subida es empinada, avanza en zigzag, es decir, alternando izquierda y derecha. Es mucho más seguro que ir en línea recta.
Al subir, mantén el centro de gravedad ligeramente hacia adelante, apoyándolo en la parte frontal del pie; de lo contrario, puedes irte hacia atrás y caer. Evita dar pasos largos, porque eso hace que pierdas el equilibrio. Avanza con pasos cortos y firmes.
También puedes apoyarte en elementos del entorno como piedras sobresalientes, ramas bajas o lianas. Pero antes de usarlos, jálalos con fuerza para asegurarte de que estén firmes. Muchos han sido debilitados por la erosión, la humedad o el tiempo, y pueden soltarse justo cuando los necesitas. Si no los pruebas antes, puedes perder el equilibrio y sufrir un accidente grave.
Al bajar, baja un poco el cuerpo, reduce el centro de gravedad y recarga ligeramente el peso hacia atrás, apoyándolo en el talón. Asegúrate de que toda la planta del pie esté bien en contacto con el suelo.
Descansos durante la caminata
El descanso también tiene su técnica. No se trata de caminar cuando quieras y detenerte cuando se te antoje; hay que seguir ciertas reglas. Combina descansos largos con descansos cortos: los largos deben ser menos frecuentes, más o menos cada 1 a 1.5 horas, y durar unos 15 minutos; los cortos pueden ser más frecuentes.
En los descansos largos, puedes quitarte la mochila y sentarte, pero no lo hagas de golpe. Primero deja que tu cuerpo se adapte: regula la respiración, masajea hombros y espalda, frota un poco las piernas y luego siéntate. Ya sentado, eleva ligeramente las piernas para facilitar el retorno de la sangre al corazón. Si te sientas de inmediato al detenerte, el cuerpo no alcanza a reaccionar y el corazón se sobrecarga, lo que puede causar mareos o incluso desmayos.
Hidratación durante la caminata
El agua es vida. El cuerpo necesita agua todo el tiempo, así que en una caminata debes llevar suficiente, incluso un poco de más. En promedio, una persona necesita alrededor de 3 litros de agua al día; para caminar largas distancias, esa cantidad suele ser adecuada, aunque puedes ajustarla según el entorno.
Al tomar agua, hazlo en pequeñas cantidades y con frecuencia. Lo ideal es beber cada 15 minutos unos 250 ml. No tomes grandes cantidades de golpe: el cuerpo no puede absorber tanta agua de una sola vez, se desperdicia y además le cargas trabajo extra al corazón.
No esperes a tener sed para hidratarte. Puedes revisar el color de tu orina para saber si te falta agua.
- Si pasan más de 4 horas sin orinar y te sientes muy sediento, somnoliento, pálido, con respiración irregular y pulso acelerado, estás en deshidratación grave.
- Si la orina es amarilla oscura, tienes sed, poca saliva y pulso rápido y débil, es deshidratación moderada.
- Si la orina es amarilla intensa pero el pulso es normal y solo tienes un poco de sed, es deshidratación leve.
Cómo atravesar zonas de pasto alto y selva
En la naturaleza muchas veces tendrás que caminar entre pastizales o selva. Para hacerlo con seguridad, necesitas buena protección contra insectos, serpientes y otros animales peligrosos, además de conocimientos básicos de supervivencia para llegar a tu destino sin problemas.
Elección de la ropa
En la selva hay muchos mosquitos e insectos, incluso abejas y avispas. Usa ropa de manga larga y pantalones largos. Evita colores muy llamativos, ya que los tonos brillantes pueden atraer a insectos peligrosos. Ajusta bien los puños de las mangas para evitar que los insectos se metan por ahí.
Elige calzado grueso, de preferencia botas altas. Estas protegen mejor contra insectos y serpientes, y además permiten meter el pantalón dentro de la bota para que nada se acerque a tu piel. Si usas zapatos con agujetas, amárralas bien; en la selva hay muchos obstáculos y, si el zapato no está firme, puede salirse fácilmente.
Protege también las partes del cuerpo que quedan descubiertas: usa un sombrero amplio que cubra cabeza, cara y orejas; envuelve el cuello con una prenda o un pañuelo; y ponte guantes para evitar picaduras o cortadas con ramas.
Herramientas necesarias
En la selva casi no hay caminos claros y es muy fácil perderse. Lleva una navaja o cuchillo afilado para marcar el camino en puntos visibles y evitar dar vueltas en el mismo lugar.
La vegetación suele ser densa, con hierba, lianas y ramas que bloquean el paso. Por eso necesitas un machete o herramienta cortante para abrir camino. Ten cuidado: algunas zonas con vegetación enredada pueden ser trampas colocadas por cazadores para confundir a los animales. Cada vez que despejes el camino, observa bien antes de avanzar.
Si caminas con compañeros, pon mucha atención al usar el machete y cuida a quienes vienen detrás, para no lastimar a nadie por accidente.
Caminar bien en la naturaleza es una habilidad básica de supervivencia que muchas veces se subestima. Elegir el calzado adecuado, mantener una postura correcta, respetar los descansos y beber agua de forma inteligente te ayuda a avanzar más lejos y con menos riesgo. Además, cuando cruzas selva o zonas de vegetación densa, la ropa, las herramientas y la atención al entorno pueden evitar accidentes graves. Si aplicas estas técnicas, no solo caminarás mejor, sino que aumentarás tus probabilidades de regresar sano y salvo, incluso en condiciones difíciles.